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lunes, 12 de diciembre de 2016

Las Jornaditas en la Iglesia de la Virgen

YA ESTAN LAS JORNADITAS DEL 2016
















Año 2015


Esta tradición que se desarrolló en torno a estas ferias mayores de Adviento fue la de las Jornadas o Jornaditas, que consisten en meditar sobre los sucesos preparatorios al Nacimiento de Cristo al hilo del evangelio lucano, en especial las penurias del viaje a Belén de María y José, como Santos Peregrinos, para cumplir con el Censo del César Augusto.

Surgieron en la Baja Edad Media al hilo de la devotio moderna, que reflexionaba sobre la humanidad del Verbo, y de la religiosidad popular franciscana, que promovió la piedad navideña, en torno a las eucaristías de estos días, llamadas de Aquiland o Aguinaldo.

Se desarrolló toda una paraliturgia dramática, sobre todo con cantos populares en lengua vernácula de campanilleros, que describían la escena y le daban un significado místico, hasta constituir una auténtica novena preparatoria de la Navidad con sus propios ejercicios piadosos, en recuerdo de los nueve meses de embarazo de la Virgen, que solían ir acompañados con la representación plástica o animada de las escenas.

Sabemos por una consulta a la Sagrada Congregación de Ritos del Maestro de Ceremonias de la Catedral, el Presbítero Diego Díaz de Escobar, que se celebraban en Sevilla en 1677, que, por su informe negativo, fueron mandadas suprimir.

Hoy se sigue practicando esta tradición de las jornaditas, por ejemplo, en la Parroquia de Santiago de la localidad aljarafeña hispalense de Castilleja de la Cuesta, a cargo de la Cofradía de la Soledad. En la capilla mayor del templo se instala un tablado con un gran decorado, que va cambiando diariamente, centrando siempre la escena la imagen de la Virgen de la Soledad, grávida, a la que acompaña San José, una cabalgadura, así como otros personajes secundarios.

El ejercicio piadoso, del que tomamos los textos en cursiva citados a continuación, consiste en un acto de contrición, la meditación sobre la escena de la jornada, nueve avemarías, que se rezaban andando de rodillas, acompañando a los Santos Peregrinos, besando la tierra a la frase “Y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”, en adoración de la Encarnación del Verbo en las entrañas de María, y se concluye con una oración para cada día.

La primera jornada transcurre hasta el Monte Tabor, en Galilea, donde había de transfigurarse el Señor, “donde contemplarás la humildad y pobreza con que emprendió su viaje nuestra Purísima Reina, no llevando otra cosa que un poco de pan y fruta para tan dilatadas jornadas caminando por aquellos montes de nieve[2] en un pobre y humilde jumento, y el Santísimo Esposo hecho paje de estribo de la Reina Madre, llevando en sus hombros el fardito de la ropa y ajuar del Divino Niño, guiando el jumento por las veredas más suaves. Contempla también como llegando en aquel alto monte le forma entre las ramas un pabellón con su humilde capa para resistir los aires fríos del riguroso invierno”. Todos los días se saca una enseñanza: “mira que camino llevas para llegar al alto monte de la gloria, y pídele a nuestros peregrinos sagrados te admitan en su compañía para llegar con seguridad al Belén de la Gloria”.

La segunda jornada termina en la Ciudad de Naín, donde resucitaría Jesús al hijo de la viuda, donde se invita a contemplar “los trabajos de Nuestra Reina y Señora experimentando las lluvias del cielo, los aires fríos, las penalidades del camino, y a su santo esposo caminando a pie y apartando al jumento de las veredas ásperas, cansado hasta llegar a la Ciudad donde puedes considerar a este Patriarca Santo la vergüenza que pasaría en las puertas de los mesones, buscando posada para su fatigad esposa; las palabras ásperas y desabridas con que los despedían los mesoneros; el desconsuelo que le quedaría en el rincón del portal aumentando la pena de ambos esposos al ver a Dios a las puertas de un mesón sin dar entrada a la misma luz”.

La moraleja no podía ser otra: “Ábrele en este día las puertas de tu corazón”. Se muestra a San José, una imagen de talla, tirando del asno, caminando María al lado de él, ayudada por un báculo.

La tercera jornada se emplaza en los campos de Samaria, donde sanaría a los diez leprosos, contemplando “como siendo mucha la gente que ocupaba aquel camino para obedecer el edicto del César, el ver a nuestros sagrados peregrinos con tan suma pobreza: unos les atropellaban, otros los apartaban como a gentes humildes, y de esta suerte, míralos llegar a los campos de Samaria y sin tener donde alojarse; pues qué sentiría el santo Patriarca alojarse en aquel despoblado campo, todo él sembrado de nieve”.

La enseñanza: “Procura en esta jornada salir al encuentro de este Divino Niño, para que manifestándole tus llagas te sane como a los leprosos, pues viene a curar la lepra de todo el género humano”. En esta escena se muestra a la Virgen subida a la amazona en el burro y San José conduciéndolo.

La cuarta jornada se desarrolla en el pozo de Siquen, “donde contemplarás los nuevos trabajos de nuestra Reina y Señora caminando unos ratos a pie y otros en el jumentillo, y el Santo José tirando de la bestezuela, los pies descalzos y ampollados, donde habiendo llegado puedes considerar este día cómo teniendo a la vista aquella fuente de agua, nuestra soberana Reina, viendo se acercaba su dichoso parto, la devoción con que desenvolviendo el fardito del ajuar del Divino Niño, hincada de rodillas lava la camisita y pañalitos en que había de envolver aquel rico tesoro de los cielos”.

La conclusión: “Mira y contempla aquel fuego de amor en que se abrasaba su corazón con los deseos de ver entre sus brazos aquel Verbo hecho carne para nuestro remedio”. María se representa junto al brocal de un pozo, con la iconografía de Divina Pastora: sentada, tocada de sombrero, con báculo y acariciando un cordero; San José coloca al asno.

La quinta jornada es el camino hasta el lugar de Necmas: “considera en este día que no hallando en este corto lugar posada, se retira a la montaña; por las puertas de la cabaña se levantan alegres los corderillos y ovejas que con sus balidos le ofrecen aquel humilde lugar”. La enseñanza: “¡Qué de lágrimas derramaría [aquel Divino Pastor] por las veces que nosotros le habíamos de tener entre las espinas y brutos de nuestros pecados!”. María y José se disponen a sacar agua del pozo para refrescarse.

La sexta jornada concluye en el lugar donde perdieron de vista al Niño Jesús a los doce años, “donde viéndola el Santo Patriarca atormentada por las dolencias del tiempo, le rogó tomase algún descanso y refresco para proseguir su jornada”.

Se contempla en ella el dolor que habría de sufrir María en aquel paso de la infancia del Señor. La Virgen, sentada, se calienta en la hoguera tras acampar para descansar.

La séptima jornada supone la llegada a Jerusalén, “donde contemplarás la inmensidad de grandes penas que padecería nuestra Reina y Señora, cuando pasaba por aquellas calles, como que sabía lo mucho que en aquella ingrata Ciudad había de padecer su Divino Hijo”.

En ella se contempla los dolores que habrían de padecer Hijo y Madre en la suprema hora del Calvario. José conduce el jumento, sobre el que está montada María, y llama a una puerta para pedir posada, pero no recibe respuesta.

La octava jornada es la llegada a Belén, “donde habiendo llegado nuestros peregrinos sagrados a las cuatro de la tarde, cuando pensaba el Santo Patriarca hallar segura posada para la Madre de Dios entre sus deudos, parientes y conocidos, poniendo fin y término a sus trabajos, entonces se le multiplicaron sus penas, porque al cumplimiento del edicto del César todos les daban con las puertas en la cara mira el sentimiento grande que padecería su atribulado corazón en aquellas calles buscando en las puertas de los mesones un portal o pajar para hospicio de la Emperatriz de los Cielos. [...] Míralos salir a las nueve de la noche tristes y llorosos a buscar entre los brutos la piedad que los hombres le negaron”.

Y la moraleja: “¿Qué haces, alma mía, que no se abren las puertas de tu corazón de dolor para dar posada a la Santísima Virgen María y al Niño Dios?”. Entran en el portal de Belén, María montada en el burro.

La novena jornada concluye con el asentamiento en la cueva pesebre: “Hemos llegado, alma mía, a la última posada y palacio que le previno el Eterno Padre a su unigénito Hijo para que naciera, y es una humilde cueva y pesebre de brutos, donde puedes considerar cómo habiendo llegado, dan gracias al Eterno Padre por aquel humilde y despreciable hospicio, después lo barren y asean y a su imitación los ángeles que de guardia asistían a nuestra Reina y Señora; contempla cómo el Santo Esposo desdobla el fardo y la humilde pompa forma el pesebre que sirvió de lecho al parto de la Reina Madre, una cama pura su descanso, y habiendo hecho lumbre con los instrumentos que llevaba, se retira a un rincón del Portal y a la media hora siente nuestra gran Reina que llegaba su dichoso parto; hincada de rodillas, puestas las manos en el pecho, los ojos levantados al cielo, elevadas las potencias y los sentidos, vino al mundo el Unigénito del Eterno Padre, Dios y hombre verdadero a quien en brazos del Arcángel San Miguel adoró, recibiendo con profunda humildad y reverencia en sus santísimos brazos le adoran los santos ángeles, como en Altar sagrado y como a su Dios y Criador.

Contempla también el gozo del Señor San José cuando despertando de aquel dulce sueño, vio en brazos de la Aurora al Divino Sol de justicia, desterrando las sombras de la noche con su inaccesible luz, alumbrando al mundo con su venida aquella humilde cueva hecha un abreviado Cielo, y viéndolo tiritando de frío y hacer pucheros le envuelve su Santísima Madre en aquellos humildes pañales, dándole su dulce néctar y le pone entre la paja y el heno donde le adoran los brutos como a su Hacedor y Señor”.

El Portal de Belén aparece velado la Nochebuena, y al canto del Gloria en la Misa del Gallo se muestra a los fieles entre grandes muestras de júbilo popular. Sobre él aparece una filacteria con el canto de los ángeles: Gloria in excelsis Deo, y la Sagrada Familia aparece rodeada de ángeles y calentada por la mula y el buey tradicionales.

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