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viernes, 10 de marzo de 2017

25 de Marzo- Beatificación de 113 Mártires en Almeria, 13 vinculados a nuestra Diocesis


Con motivo de la próxima beatificación de 115 mártires en la  diócesis de Almería, de los que 13 son o están vinculados de alguna manera a la diócesis de Guadix, el prelado accitano, Mons. Ginés García, ha escrito una Carta Pastoral dirigida a todos los sacerdotes para animarles a vivir esta celebración como un gran acontecimiento diocesano. También sirve la carta para relatar las distintas acciones programadas en la diócesis con motivo de la beatificación, que van a servir para conocer mejor a los nuevos beatos y su testimonio de fe.

Mons. Ginés García comienza su carta expresando que la beatificación de los Mártires de Almería es una celebración que atañe directamente a la diócesis de Guadix: “el Deán de la Catedral de la hermana diócesis de Almería, D. José Álvarez-Benavides y de la Torre, junto con más de un centenar de cristianos, sacerdotes, religiosos y laicos, serán incluidos en el catálogo de mártires de Cristo, junto a los ya beatificados obispos de Almería y Guadix, y los hermanos de las Escuelas Cristianas. Entre los nuevos beatos hay 13 que, de un modo u otro, tienen relación con nuestra diócesis. Muchos de ellos estudiaron en nuestro Seminario diocesano y fueron miembros de este Presbiterio. Demos gracias a Dios que nos regala este don que hace fecunda a la Iglesia”.

Invita, también, el Obispo a los sacerdotes a dar a conocer la  figura y el  testimonio de los nuevos beatos: “no sería justo ni bueno que desaprovecháramos esta oportunidad para llevar a la conciencia del Pueblo Santo de Dios el testimonio de los que siguieron a Cristo hasta el derramamiento de la propia sangre, y como signo de reconciliación entre los hombres. Nuestros mártires no murieron por una causa política ni por una ideología, sino por su fe”.

Y aprovecha su carta para indicar algunos de los  actos y acciones programadas en torno a esta beatificación: la edición de un cartel conmemorativo; unas catequesis sobre el martirio y los nuevos mártires, confeccionadas por el Secretariado de Catequesis; y la inclusión en la web diocesana de las biografías de los nuevos beatos.

También anuncia la celebración de un ciclo de conferencias sobre el martirio, que van a tener lugar los días 6, 13 y 20 de marzo, en el salón de actos del obispado, a partir de las 8 de la tarde. La primera de esas conferencias ya se ha celebrado, con el tema “Cristo, el primer mártir. El martirio como configuración con Cristo en el Nuevo testamento”. La próxima será el lunes 13 de marzo, a cargo del sacerdote accitano Manuel Amezcua, que es director del Archivo diocesano, y que tratará el tema de los “mártires en la historia de la diócesis de Guadix”. La última conferencia, el 20 de marzo,  impartida por el promotor de la causa de los Mártires de Almería, ofrecerá las claves de este proceso de beatificación.

Finalmente, comunica el Obispo que el próximo 22 de abril, en la catedral de Guadix, a las 11 de la mañana, se celebrará las Misa de acción de gracias por los nuevos beatos.

En su carta el Obispo invita a todos los sacerdotes a asistir a la beatificación, especialmente aquellos cuyas parroquias están vinculadas con los nuevos beatos. También anima a que los feligreses se desplacen hasta Almería para participar en la ceremonia. “Os invito –dice el Obispo-  a todos a vivir con fe y agradecimiento este acontecimiento en vuestras parroquias.” Y termina pidiendo “a Dios que la sangre de nuestros mártires sea causa de renovación espiritual y revitalización de la vida de nuestra Iglesia. A ellos encomiendo nuestro ministerio, el Seminario y las futuras vocaciones al sacerdocio”.

Antonio Gómez

sábado, 4 de marzo de 2017

La Virgen de las Angustias presente en los Cultos cuaresmales de Jesús de Pasión

Del 1 al 5 de Marzo se están realizando en la Parroquia de Ntra. Sra. de Gracia (Ermita Nueva) de la Ciudad de Guadix el Triduo y la presentación del cartel de Nuestro Padre Jesús de Pasión, de la Hermandad Sacramental de Pasión y Rosario de las Cuevas accitanas. 
En estos cultos, la devoción a la Patrona de Guadix ha estado muy presente, ya que Jesús de Pasión lucía en su pecho la medalla antigua de la Virgen de las Angustias, y en el cartel anunciador de su salida procesional se puede contemplar la escena histórica que se llevaba acabo el año pasado, en la que Jesús de Pasión hacía Estación de Penitencia ante la Santísima Virgen de las Angustias en su primera salida procesional, cosa que también se realizará en el presente año.
Encomendamos los inicios y los anhelos de esta Hermandad y las familias que la componen a la Señora de Guadix, la Virgen de las Angustias.





 

jueves, 2 de marzo de 2017

Carta del Sr. Obispo para la Cuaresma de 2017


 
“SUS HERIDAS NOS HAN CURADO”

CARTA CON MOTIVO DE LA CUARESMA

  

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

 

            Este año he querido comenzar mi carta con motivo de la Cuaresma con unas palabras de la profecía de Isaías, recogidas y repetidas por el apóstol San Pedro en la primera de sus cartas: “Tu heridas nos han curado” (Is 53,5; 1Pe 2,24).

 

            Son palabras que suena a paradoja. ¿Cómo pueden curar las heridas de otro? Los cánticos del Siervo en el profeta Isaías, y en el que los cristianos vemos prefigurado a cristo en su pasión, muestran al justo triturado por el sufrimiento, sin rostro humano, humillado, y, sin embargo, causa de salvación para la humanidad. El camino del sufrimiento se nos presenta como camino de sentido y de salvación. Cristo en la entrega de su vida nos cura, nos salva.

 

            Este texto de la Escritura, y en el tiempo de Cuaresma que nos disponemos a celebrar, me lleva a mirar las heridas de la humanidad, tantas  heridas en el corazón del hombre, que no sólo reclaman consuelo, sino también sentido.

 

1. El corazón del hombre está herido como consecuencia del pecado. La original inocencia con la que el hombre fue creado, la visión de un corazón limpio que le hacía ver la hermosura y la bondad de todo lo que le envolvía, se han oscurecido por el velo de la soberbia del “seréis como dioses”.

 

   El pecado nos ciega, nos dice el Papa en su mensaje para la Cuaresma. El mal nos engaña distorsionando la realidad del hombre y del mundo. Nos emborracha de apego a las cosas del mundo y nos lleva a olvidarnos de Dios.

 

   El alejamiento de Dios comienza cuando el hombre se constituye en dueño y señor de su propia vida, cuando hace de las cosas dios, y a Dios cosa. Su vida, entonces, gira en torno a lo que puede poseer, cree él que como camino de libertad, el dinero, el poder, el placer, la comodidad, la seguridad en sí mismo. Se engaña el hombre. Y lo que es más trágico: se hiere en el corazón. Las cosas no pueden darle lo que ansía el corazón. Nada en el mundo puede llenar completamente el corazón humano. Sólo Dios es capaz de llenar de sentido cualquier rincón de nuestra existencia, incluso el sufrimiento.

 

   Jesús con sus heridas cura el corazón del hombre. Le muestra que la salvación no está en mirarse a sí mismo para su autocomplacencia, sino mirar a Dios, y mirar a los demás. La felicidad no está en ti, sino cuando haces de tu vida un servicio generoso a los demás. La vida de Cristo, su existencia en favor de los demás, es el verdadero camino de la humanidad. Aunque pierda el rostro humano sigue siendo el Hombre, porque el secreto de la humanidad está en la mano de Dios, y no en el consenso de los hombres.

 

   El corazón del hombre se cura volviendo a Dios, buscando en Él su origen y su destino, para dar sentido al camino de la existencia. La vuelta a Dios es un camino fácil y seguro, porque Él siempre nos espera, nunca se cansa de perdonar. El perdón y la misericordia son la manifestación de Dios;  nuestro Dios es un Dios en salida.

 

   ¿Por qué no aprovechar este tiempo de Cuaresma para volver a Dios, para confesar nuestros pecados mediante el sacramento de la penitencia? Buscad el perdón de Dios y experimentar cómo Dios ya te buscaba para perdonarte. Sentir el abrazo infinito y lleno de ternura del Padre que nos restituye a la inocencia primera, y nos hace gustar el gozo de ser criatura, de ser hijo.

 

2. El corazón del mundo está herido como consecuencia del pecado de los hombres. Con frecuencia, al palpar la realidad del mundo, nos sentimos tristes por la situación que vemos: pobreza, marginación, violencia, intolerancia, soledad, odio….. Y la tentación: pensar en los culpables mirando siempre enfrente.

 

   El corazón del mundo está herido porque nuestros pecados crean estructuras de pecado. Nuestro pecado tiene consecuencias sociales, porque nuestra vida está con los otros, y nuestra conducta influye en los demás, y hasta en las estructuras sociales. Una economía asentada en el pecado que no mira el rostro de los hombres y sus verdaderas necesidades termina matando. Una ideología  que se autoafirma por encima de las leyes naturales y divinas termina condenando al hombre a la arbitrariedad de la una cultura o de una legislación. Un poder que busca en primer lugar su supervivencia frente a la dignidad de cada hombre y del bien común se convierte en un entramado de pecado y corrupción.

 

   El corazón herido de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo es la imagen del corazón herido del mundo. Nos estremecen, y nos tienen que seguir estremeciendo, las imágenes de hombre y mujeres –podíamos ser nosotros-, de niños enfermo, solos o muertos a las puertas del nuestro mundo del bienestar –bien podían ser los nuestros-.

 

   Las heridas de Cristo curan también las heridas del mundo, porque él ha roto en su cuerpo el muro del odio que nos separaba (cfr. Ef 2,14), y ha hecho amigos a los pueblos que estaban enemistados. En su rostro desfigurado se ha identificado con tantos rostros que hoy siguen desfigurados y triturados por el sufrimiento. Todo el sufrimiento del mundo ha sido asumido por el Hijo de Dios que los ha amado y se ha entregado para ser causa de salvación eterna.

 

   ¿No es un buen momento la Cuaresma para volvernos a los otros y  a sus necesidades? ¿Por qué no buscar un compromiso en favor de los más desfavorecidos? Podemos realizar algún gesto, o buscar algún compromiso en favor de los más pobres. No dejes que acabe la Cuaresma sin hacer algo por los necesitados. Y si es algo que no se quede sólo en Cuaresma, mejor.

 

3. En la Iglesia también hay heridas. El pecado también entra en la Iglesia y nos confunde y humilla con actitudes que no se corresponden con la fe que profesamos.

 

   La mirada a nosotros mismo y a nuestros problemas, nos impide con frecuencia mirar al mundo y a nuestra misión evangelizadora. La comodidad del que ya lo ha conseguido todo y tiene a Dios “domesticado”, nos aleja de vivir la audacia de la fe que siempre tiene riesgos, pero que nunca se cansa de llevar a Dios. Las divisiones interna nos hacen perder las energías que se nos han dado para hacer el bien. La falta de testimonio nos hace poco creíbles ante el mundo que espera de nosotros una presencia de esperanza y misericordia.

 

   Hemos de reconocer y pedir perdón por los pecados que también cometemos como comunidad, como Iglesia. Sólo habrá verdadera renovación en la Iglesia desde una actitud de conversión, de vuelta al Señor. No nos tiene que asustar nuestros pecados, sino la incapacidad para pedir perdón y seguir caminando.

 

   ¿Cómo puedo hacer más hermoso el rostro de la Iglesia? Sería muy bueno que la Cuaresma me sirviera para servir a la Iglesia, para dedicar mi tiempo y mi energía en aquello que mi parroquia, mi comunidad necesite.

 

        

   La Cuaresma pone, otro año más, ante nuestros ojos la imagen del Hijo de Dios que lleva su encarnación hasta el extremo del amor. Si la humanidad de Cristo es el signo del amor de Dios por los hombres, en su Pascua este amor llega a su plenitud. Dios no sólo nos da, sino que se da. Por eso, el camino cuaresmal es un camino marcado por el amor entregado que nos lleva a la cruz, pero que no se queda en la cruz sino que nos hace experimentar el gozo de la salvación. En Cuaresma todo mira a la Resurrección.

 

   Un signo de este tiempo santo es la conversión. Estamos invitados, por tanto, a cambiar de vida, pero no mediante una superación o una perfección en frío, abstracta, como sólo acto de la voluntad del que pretende ser mejor. La verdadera conversión cristiana es una respuesta de amor al amor primero. Es volverse a Dios, y fascinado por su amor, reconocer la pobreza del mío, y, al mismo tiempo, sentirme lanzado a corresponder más y mejor a esta gracia. “Dame tu amor y gracias, que ésta me basta”, puede ser una hermosa oración para este tiempo.

 

   Os invito a que cada uno piense delante de Dios cuál ha de ser el camino de su conversión, pero que no lo haga en negativo, diciendo: ¿de qué me he de convertir?, o ¿qué he de dejar de mis actitudes o acciones? Sería mejor decir: ¿cómo te puedo agradar Señor? Al final de cada día podemos preguntarle al Señor: ¿Te he agradado hoy? En este momento aparecen para mi vergüenza y dolor las faltas de correspondencia a la gracia de Dios, pero, al mismo tiempo, el deseo de amarlo más en medio de las dificultades y de la fragilidad de mi existencia.

 

   En este camino Cuaresmal vamos a vivir este año el gozo de la beatificación de algunos hijos de nuestra iglesia diocesana mártires de Cristo. Con su testimonio nos recuerdan que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ellos han sido testigos de la fe hasta el derramamiento de la propia sangre. Testigos de reconciliación entre los hombre. Esa reconciliación que nos viene de Dios, y que tanto necesitamos cada uno, necesita la Iglesia, y necesita el mundo.

 

  Que la Madre del Señor y Madre nuestra, Santa María inspire nuestro camino cuaresmal y nos acompañe hasta la Pascua del Señor. Que nos enseñe con su silencio a meditar en los misterios de la fe, y con su fortaleza nos haga testigos de Cristo en la Iglesia y en el mundo. A ella, que la recibimos como Madre al pie de la cruz, imploramos en nuestras necesidades para que nos haga compartir el gozo de la resurrección de su Hijo, nuestro Señor. 

 

     En el deseo de que viváis una santa Cuaresma, con afecto os bendigo.

 

                        + Ginés, Obispo de Guadix

(PARA LA CONTRAPORTADA)

 

CUARESMA

Cuaresma viene del latín «quadragesima dies», el día cuadragésimo antes de Pascua. Es el tiempo de preparación «por el que se asciende al monte santo de la Pascua». Empieza el Miércoles de Ceniza y concluye el Jueves Santo por la tarde, antes de la Misa Vespertina de la Cena del Señor, con la que se inaugura el Triduo Pascual.

A la hora de dar sentido a este período como preparación a la Pascua, influyó ciertamente el simbolismo bíblico del número cuarenta: los episodios de los cuarenta días del diluvio antes de la alianza con Noé, de Moisés y sus cuarenta días en el monte, del pueblo de Israel y sus cuarenta años por el desierto, de Elías caminando cuarenta días hacia el monte del encuentro con Dios, y sobre todo los cuarenta días de Jesús en el desierto antes de empezar su misión mesiánica, tienen de común que este espacio de tiempo sirve de prueba, purificación y preparación de un acontecimiento importante y salvador. «La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al misterio de Jesús en el desierto» (Catecismo de la Iglesia Católica, 540).

El Concilio Vaticano II encargó expresamente que se acentuaran de la Cuaresma su carácter bautismal y penitencial, «puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia» (Constitución de Liturgia, 109). Ahora «la liturgia cuaresmal prepara para la celebración del misterio pascual tanto a los catecúmenos, haciéndolos pasar por los diversos grados de la iniciación cristiana, como a los fieles que recuerdan el bautismo y hacen penitencia» (Normas Universales del Año Litúrgico y el Calendario, 27).

Las seis semanas de la Cuaresma se dividen en tres etapas, marcadas por los evangelios correspondientes: los dos primeros domingos, con las tentaciones y la transfiguración del Señor; los tres siguientes, con las catequesis bautismales de la samaritana (agua), el ciego (luz) y Lázaro (vida), propias del ciclo A, pero que se pueden seguir cada año; y finalmente el domingo sexto, llamado de Ramos o de Pasión, que inaugura la Semana Santa.

Las características ambientales y celebrativas de la Cuaresma, ya desde hace siglos, son la ausencia del aleluya en los cantos, la austeridad en el ornato del espacio celebrativo, sin flores ni música instrumental, el color morado de los vestidos del sacerdote (menos en el domingo cuarto, «Laetare», en que puede usarse el color rosa); las misas estacionales en torno al propio obispo, originadas en Roma pero recomendadas para otras iglesias en las que parezcan convenientes; el ejercicio del Via Crucis; la «confesión pascual», la celebración del sacramento de la Reconciliación como preparación inmediata a la Pascua...

(J. ALDAZÁBAL. Vocabulario básico de Liturgia)