Novena

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Solemnidad

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lunes, 11 de marzo de 2019

Mensaje Cuaresmal de nuestro Obispo D. Francisco Jesús

CUARESMA: “cristificarnos”, camino hacia la Pascua
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma nos invita a la preparación inmediata de nuestras tareas y vivencias cofrades, que son siempre, o deben ser, un testimonio público de nuestra fe, vivida en la profundidad de la intimidad con Cristo. El miércoles de ceniza iniciamos la Cuaresma y el camino hacia la Pascua, tiempo fuerte para nuestras hermandades y cofradías, momento de vestir nuestra diócesis de Guadix con las preciosas galas de fe que son las imágenes titulares de nuestras cofradías, con las que tantas generaciones han expresado y vivido su amor al Señor, a la Santísima Virgen y su ser Iglesia. La semana santa y las estaciones de penitencia son un referente claro para la expresión de nuestro ser e identidad cristiana y eclesial.
La Cuaresma es siempre una llamada a la conversión de nuestra vida, acogiendo los medios que la Iglesia nos ofrece: la oración, el ayuno y la limosna, que nos pondrán en la sintonía del Espíritu Santo. El Papa Francisco nos ha regalado un mensaje para la Cuaresma 2019 en el que, ya en el mismo título, “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8,19), está invitándonos a una conversión integral de toda nuestra existencia. Nos dice el Papa, recogiendo el prefacio I de Cuaresma, que, por medio de la Iglesia, nuestra Madre, “Dios concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios”.
La Cuaresma, como camino hacia la Pascua, es para el cristiano un tiempo litúrgico valioso e interpelante, tiempo fuerte de especial compromiso para la fe cristiana; por eso todos estamos invitados a renovar nuestros compromisos bautismales, a vivir nuestra personal conversión, siendo sepultados con Cristo, resucitar con Él. Toda la vida cristiana es un camino para conformarnos a Cristo, para “cristificarnos”, muriendo a todo lo que en nuestra vida intenta esclavizar este camino de libertad. Es el tiempo para dejar que la Gracia del Señor transforme nuestro corazón. La vida cristiana nunca es una carrera de obstáculos en la que prima nuestro esfuerzo. Ciertamente la Cuaresma nos ofrece un conjunto de prácticas que hacen más austera nuestra vida y nos permiten adelgazar en el alma y en el cuerpo, pero no es nuestro esfuerzo ni nuestro “yo” quienes tienen el protagonismo. La Cuaresma es principalmente encuentro con Cristo que, como nosotros, es tentado y vence la tentación. La Cuaresma es Cristo mismo que nos invita a subir con Él a Jerusalén para participar de su Pascua, de su muerte y de su resurrección. Nos dice el Papa que “si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.” Así, el pecado, “lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás”.
La Cuaresma es ante todo un tiempo de Gracia y de salvación: tiempo de misericordia, para alcanzarla y repartirla; tiempo para ejercitarse en el amor al prójimo, practicando las obras de misericordia. Desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Renovar el bautismo en la noche de Pascua, nos invita a no vivirlo como algo del pasado sino a vivir la llamada a dejarnos actualizar siempre por Dios para vivir la novedad de la vida cristiana hoy. La Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: vivir realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda la existencia.
La Palabra de Dios y los textos evangélicos han de ser durante los cinco domingos de Cuaresma y cada día, para todo cristiano, para cada cofrade, una guía preciosa para vivir un encuentro especialmente intenso con el Señor que tendrá como culmen la celebración del triduo pascual. Palabra que nos fortalecerá para salir victoriosos de la batalla que hemos de entablar contra las tentaciones, y que siempre nos hace tomar conciencia de la propia fragilidad, ayudándonos para acoger la Gracia que libera e infunde nueva fuerza en Cristo. Es la constante lucha del cristiano contra los dominadores de este mundo tenebroso, en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor. En su mensaje, el Papa Francisco nos recuerda que “cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas – y también hacia nosotros mismos-, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca … La causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo”.
La Cuaresma es la invitación cristiana de llevar a la práctica lo que creemos. Nuestras tareas y vivencias cofrades son siempre, o deben ser, un testimonio público de una fe que le antecede como experiencia primera y vivida en la intimidad con Cristo en las entrañas de la vida. Es el gran misterio base de la vida cristiana de la que emanan todas sus expresiones: la adhesión de la propia vida a la voluntad del Señor. La Cuaresma nos invita a construir la vida sobre Dios, como proclama el salmo 31: “Tu eres Señor nuestra roca, nuestro refugio”. Todos los cofrades somos, una vez más, invitados a vivir una relación personal con Cristo, tan íntima que de ella nace nuestra vida, nuestras obras y nuestro testimonio.
La vida personal, nuestras relaciones humanas y sociales, e incluso la relación con Dios en la Iglesia puede ser vivida básicamente de dos formas diversas: desde lo exterior (entonces construimos sobre arena) o desde el interior (cuando Cristo es nuestra roca).
A veces podemos correr el riesgo de entender la religión y nuestras expresiones religiosas desde parámetros puramente externos: aún hoy los judíos ortodoxos llevan en las muñecas y en la frente las filacterias con la ley del Señor, acumulando cumplimiento externo de leyes. A nosotros el Señor nos pide ir más adentro, escuchar el corazón de la fe, su Palabra, es decir, alejarnos de una relación aparente, en la que no nos dejamos modelar por Dios mismo. No se trata de cumplir, sino de amar y buscar la voluntad del Señor.
El peligro de esta forma de vivir nuestra relación con Dios, es denunciado por el mismo Jesús en diversas ocasiones en el evangelio: es la hipocresía y la falsedad de una relación externa y ritualista, cultual que no transforma la vida y el corazón. En numerosas ocasiones llama a los fariseos “sepulcros blanqueados” o los acusa de no hacer lo que dicen. Es un peligro que ha rondado a la Iglesia desde siempre y que nosotros, cofrades fuertes en la fe, hemos de ayudar a depurar, haciendo lo que hasta ahora hacéis bellamente en nuestra diócesis: que el fenómeno religioso no se reduzca a sentimentalismo o a formas folklóricas y estéticas, con proliferación de ritos y cultos, vacíos de contenido religioso, de relación personal con Dios, que es construir la fe sobre arena. La vida personal siempre ha de estar implicada en todo el proceso de fe. Gracias a Dios, nuestras cofradías andan por el buen camino y llevan siglos siendo estandarte del encuentro con el Señor y con la Santísima Virgen, aunque seguramente siempre habrá que seguir trabajando para depurar lo que intente adulterar este camino de fe.
El Señor nos pide construir desde dentro, fundamentar sobre los firmes pilares de nuestra vida interior, poner la Palabra de Dios en el corazón, buscar la justificación y el perdón desde una fe que se traduce en buenas obras, vivir la voluntad de Dios llevando a la práctica, en las dificultades de cada día, lo que Dios dice y quiere del hombre. Una fe que no tiene miedo, aunque lo haga con la caridad propia del evangelio, de complicarse la vida en la esfera pública, pues sabe que ella es salvoconducto de auténtica verdad y dignidad del ser humano. Es una fe que no se deja amordazar por la presión social contra la Iglesia o contra lo religioso, ni por la comodidad personal. Es, en síntesis, una fe que no se reduce al ámbito de la piedad privada. Solo así estaremos construyendo sobre roca.
Viene a la mente aquel fariseo cumplidor, Nicodemo, que sentía una gran atracción por Jesucristo, pero que evitaba ser identificado con Él para evitar críticas e iba a verlo de noche. Las cofradías han sido y han de seguir siendo expresión pública fuerte de nuestra fe, que llevan a la luz de las calles lo hermoso de una vida vivida desde la fe en Cristo Jesús.
Lo exterior no vale si está vacío y lo interior tampoco es real si no tiene una adecuada expresión pública. Nuestra vida cristiana y cofrade debe seguir sustentándose en el encuentro personal con Cristo, encuentro que se hace real en la oración, en la celebración asidua de los sacramentos, en el respeto a la dignidad del hombre querida por Dios, en el servicio desinteresado a los más débiles. El jueves santo nos ofrecerá este ideal cristiano en la imagen de Cristo lavando los pies a Pedro y en él a todo hombre. Desde aquí toda nuestra vida cofrade seguirá colaborando con el bien común que todos buscamos, transformando la realidad de tantos oasis de arena, testimoniando “Qué y Quién” es la Roca de nuestra vida, lo que le da sentido y consistencia, lo que nos mantiene de pie en medio de las tormentas y dificultades. Es la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón, de la que nos habla el Papa en nuestra Cuaresma 2019, al recordarnos que “el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual”.
Aprovecho esta ocasión para felicitaros a todos los cofrades por vuestra ardua tarea de ser centinelas de la fe en medio de un mundo que intenta apagar el valor de Dios y del evangelio en la vida pública. ¡Que agradecida está la Iglesia a sus hijos cofrades, en este difícil momento histórico en que sois realmente atalaya de la fe, muralla que guarda y expresa el castillo de la interioridad cristiana!
Pidamos a la Santísima Virgen, que en estos días vamos a venerar bajo tantas bellas advocaciones penitenciales, que Ella fortalezca nuestra fe y al igual que Ella, nos haga cofrades decididos a construir nuestra existencia sobre la roca de la salvación: Jesucristo.
Con mi deseo, para todos, de una Cuaresma y Semana Santa vividas en la profundidad de la amistad con Cristo, expresada en la vida de la Iglesia, en las estaciones penitenciales y en la participación en los santos días del triduo pascual, recibid mi afecto y mi bendición.
+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix

Firmado convenio con Floristerías Jericó para el adorno floral de la Virgen de las Angustias


    Desde el 1 de febrero de 2019 hasta el 30 de enero de 2020, Floristería Jericó será la encargada de llevar a cabo el adorno floral de la Patrona de Guadix, la Virgen de las Angustias. El convenio firmado el 30 de enero de este año, recoge entre otras cosas, que la Virgen tendrá permanentemente flores frescas en el camarín. También abrá durante todo el año una flor fresca en el sagrario. Floristería jericó se encargarán del adorno del paso de Nuestra Señora, así como el arreglo de la catedral durante la celebración de la septena.

   También se encargará de adornar la iglesia en fechas señaladas para la Archicofradía como son el 15 de septiembre festividad litúrgica de la Virgen, o para la presentación del cartel de cultos o el cierre del mes de las flores en mayo.



sábado, 2 de marzo de 2019

Mensaje de Cuaresma de S.S. el Papa Francisco


La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios
Queridos hermanos y hermanas:
Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.
1-. La redención de la creación
La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.
Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación –dice san Pablo– desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos –espíritu, alma y cuerpo–, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el «Cántico del hermano sol» de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

sábado, 26 de enero de 2019

Nuevo escudo de la Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía de la Virgen de las Angustias


El escudo oficial ha sido realizado por el artista Salvador de los Reyes y fue aprobado en el cabildo de hermanos celebrado el 13 de octubre de 2018.-

 El nuevo escudo fue encargado por la Junta de Gobierno tras tomar posesión como cargos electos de la Archicofradía. Escudo que viene a distinguirnos con diginidad y justificado, además de original realizado a mano por el artista cuya justificación y curriculum quedan en las siguientes lineas. Como aspectos destacados el escudo señala el carácter pontificio de la hermandad y su coronación canónica además de su sentido accitano.

 Diseño de nuevo escudo para la Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía de la Stma. Virgen de las Angustias, Patrona de Guadix. Año 2018.

El nuevo escudo que he realizado para la Virgen de las Angustias, patrona de Guadix, está compuesto por el manto de la imagen, que actúa acolado a modo de pabellón, en sus colores sable y plata y galonado en oro, en su parte exterior, y en plata y decoración sinople, en la interior.

Sobre él, en jefe, carga la cruz que siempre la acompaña, con el sudario, que forma el anagrama Ave María con una filacteria en oro, todo ello bajo el corazón flameante en gules, traspasado por los puñales de los siete dolores de María Santísima.

Blasonan dos óvalos a cada lado, el sinietro, sobre campo de plata, el escudo representativo del Sumo Pontífice Pío X, que otorgó el patronazgo de la imagen; y el diestro, también sobre campo de plata, el escudo diocesano. Ambos, rodeados de rica decoración en oro.

En punta, surmontada por el blasón de la ciudad, una media luna en plata como símbolo de la Purísima Concepción de la Virgen.

Y por cimera, la corona de la coronación canónica, que timbra el conjunto, en oro.


jueves, 3 de enero de 2019

11 de Enero de 1809- La Virgen de las Angustias en la Invasion Francesa

Se recordará tal efeméride en la Sabatina del 12 de Enero a las 19'30h con la presencia de las Juntas Directivas de la Hermandad Diocesana de San Torcuato y de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Luz y María Santísima de la Amargura

(Del Libro “Recuerdo de la Coronación Canónica de
Nuestra Señora de las Angustias”,
 del Siervo de Dios D. Juan de Dios Ponce y Pozo)




La imagen de Nuestra Señora en la invasión francesa

Leemos en el librito titulado «Páginas Históricas» que escribió el Padre Hitos, de la Compañía de Jesús, con motivo de la Coronación de la Virgen de las Angustias de Granada, «que en los días en que se preparaba la tan memorable jornada, de Bailén en la que las milicias de Andalucía abatieron las águilas napoleónicas, por disposición de la Junta Suprema de Gobierno, se colocó en andas a la Patrona de Granada poniéndola banda y bastón de general.»

No tenían menos fe en la suya los hijos de Guadix, ni le regatearon los mismos honores homenajes.

En un curioso manuscrito, que contiene interesantes noticias de sucesos ocurridos desde el año 1754 a 1835, redactado a modo de diario, por Antonio Montellano Rodríguez[1], leernos en la correspondiente al 11 de enero de 1809, que con motivo de haber llegado a Guadix por Granada la noticia de haber sido hechos prisioneros en Rennes, Napoleón, José I, su hermano, y el hermano de Godoy, hubo en Guadix este día la función más grande (textual) que han visto los nacidos, añadiendo: «Sacamos de San Diego a la Patrona, con su ceñidor de Generala y su bastón y espadín ceñido,» y continua diciendo, cómo incorporaron a esta procesión el Crucificado de Santiago y nuestro Patrono San Torcuato.

Notemos cómo el pueblo llamaba a la Virgen en aquellos remotos tiempos ya su Patrona, un siglo antes que se obtuviera el título canónico de la Santa Sede.

Pero lo que en gran manera revelará la estima en que Guadix tuvo siempre a su Virgen de las Angustias y el aprecio que le mereció joya artística tan celebrada, es la ocultación de la imagen y su extrañamiento de la propia Iglesia, en los días calamitosos y aciagos de la ocupación de esta Ciudad por las tropas napoleónicas.

En virtud del decreto del intruso Rey, José Bonaparte, en 1809, disponiendo la supresión de todos los conventos y la confiscación de sus bienes, los Religiosos del Convento de San Diego se vieron obligados a salir de su casa y a dispersarse, quedando Nuestra Patrona sin sus custodios naturales, y bajo la inmediata disposición del diocesano.

Regía entonces la Diócesis, el piadosísimo, a la vez que enérgico varón apostólico, Don Fr. Marcos Cabello de la Orden agustiniana. Y mientras Guadix se conservó libre de la invasión extranjera, aunque con las dificultades propias de aquellos días de amargura para todos los buenos españoles, las atenciones del culto y la administración de la Diócesis se efectuaba regularmente. Pero llegó el día en que las águilas napoleónicas iban a cerner su vuelo sobre nuestra Ciudad y a establecerse en ella sus reales. Eran los comienzos del año de 1810.

Como las tropas invasoras venían apoderándose de los tesoros artísticos de los templos, debió preocupar a la autoridad eclesiástica la suerte que podía correr la imagen de Nuestra Excelsa Patrona, y así, por disposición de la misma autoridad se trató de ocultarla a las codiciosas miradas de los franceses. Eligióse para este efecto la casa del cristiano caballero don Pedro López, sita en la calle Ancha, y en una de sus habitaciones bajas, se tuvo escondida la Santa imagen hasta la evacuación de la Ciudad por las tropas francesas.