Flores

lunes, 11 de mayo de 2020

Flores en honor de la Virgen de las Angustias- Día 11


MES DE MARIA

Canto
Venid y vamos todos con flores a porfía
Con flores a María, que Madre nuestra es

De nuevo aquí nos tienes purísima doncella
más que la luna bella postrados a tus pies.

Oración para todos los días

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre mía.

Ofrecimiento

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro Oh Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.

Día 11



CAPÍTULO VI
La imagen de Nuestra Señora en la invasión francesa

Leemos en el librito titulado «Páginas Históricas» que escribió el Padre Hitos, de la Compañía de Jesús, con motivo de la Coronación de la Virgen de las Angustias de Granada, «que en los días en que se preparaba la tan memorable jornada, de Bailén en la que las milicias de Andalucía abatieron las águilas napoleónicas, por disposición de la Junta Suprema de Gobierno, se colocó en andas a la Patrona de Granada poniéndola banda y bastón de general.»
No tenían menos fe en la suya los hijos de Guadix, ni le regatearon los mismos honores homenajes.
En un curioso manuscrito, que contiene interesantes noticias de sucesos ocurridos desde el año 1754 a 1835, redactado a modo de diario, por Antonio Montellano Rodríguez[1], leernos en la correspondiente al 11 de enero de 1809, que con motivo de haber llegado a Guadix por Granada la noticia de haber sido hechos prisioneros en Rennes, Napoleón, José I, su hermano, y el hermano de Godoy, hubo en Guadix este día la función más grande (textual) que han visto los nacidos, añadiendo: «Sacamos de San Diego a la Patrona, con su ceñidor de Generala y su bastón y espadín ceñido,» y continua diciendo, cómo incorporaron a esta procesión el Crucificado de Santiago y nuestro Patrono San Torcuato.



Notemos cómo el pueblo llamaba a la Virgen en aquellos remotos tiempos ya su Patrona, un siglo antes que se obtuviera el título canónico de la Santa Sede.
Pero lo que en gran manera revelará la estima en que Guadix tuvo siempre a su Virgen de las Angustias y el aprecio que le mereció joya artística tan celebrada, es la ocultación de la imagen y su extrañamiento de la propia Iglesia, en los días calamitosos y aciagos de la ocupación de esta Ciudad por las tropas napoleónicas.
En virtud del decreto del intruso Rey, José Bonaparte, en 1809, disponiendo la supresión de todos los conventos y la confiscación de sus bienes, los Religiosos del Convento de San Diego se vieron obligados a salir de su casa y a dispersarse, quedando Nuestra Patrona sin sus custodios naturales, y bajo la inmediata disposición del diocesano.



Regía entonces la Diócesis, el piadosísimo, a la vez que enérgico varón apostólico, Don Fr. Marcos Cabello de la Orden agustiniana. Y mientras Guadix se conservó libre de la invasión extranjera, aunque con las dificultades propias de aquellos días de amargura para todos los buenos españoles, las atenciones del culto y la administración de la Diócesis se efectuaba regularmente. Pero llegó el día en que las águilas napoleónicas iban a cerner su vuelo sobre nuestra Ciudad y a establecerse en ella sus reales. Eran los comienzos del año de 1810.
Como las tropas invasoras venían apoderándose de los tesoros artísticos de los templos, debió preocupar a la autoridad eclesiástica la suerte que podía correr la imagen de Nuestra Excelsa Patrona, y así, por disposición de la misma autoridad se trató de ocultarla a las codiciosas miradas de los franceses. Eligióse para este efecto la casa del cristiano caballero don Pedro López, sita en la calle Ancha, y en una de sus habitaciones bajas, se tuvo escondida la Santa imagen hasta la evacuación de la Ciudad por las tropas francesas[2].


Invocaciones (se dicen 3)

  • Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acordaos de mí, miserable pecador. Avemaría.
  • Acueducto de las divinas gracias, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados. Avemaría.
  • Reina de cielos y tierra, sed mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Avemaría.
  • Inmaculada hija de Joaquín y Ana, alcánzame de vuestro divino Hijo las gracias que necesito para mi salvación. Avemaría.
  • Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en el trance de mi muerte y abridme las puertas del cielo. Avemaría.
  • Que tu Madre, refugio de pecadores, interceda por nosotros, para que obtengamos el perdón de nuestros pecados. Ave María.
  •  Tú, que hiciste a tu Madre llena de gracia, concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres. Ave María.
  •  Tú, que quisiste nacer de María Virgen para ser hermano nuestro, haz que todos los hombres nos amemos fraternalmente. Ave María

Oración

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia soberana. No desechéis mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Sagrado corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Salve Regina.




[1] El original lo posee uno de sus descendientes, y una copia de él, el ilustrado sacerdote y beneficiado de esta Catedral, don Antonio Sierra.
[2] En memoria de esto y como tributo de gratitud, se detiene a la imagen en parada ante la puerta de esta casa cuando pasa por allí en procesión, cantándosele un motete a Nuestra Señora.—(Hoy es propiedad del comerciante D. Anselmo García Muñoz.)

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