Flores

martes, 19 de mayo de 2020

Flores en honor de la Virgen de las Angustias- Día 19

MES DE MARIA

Canto
Venid y vamos todos con flores a porfía
Con flores a María, que Madre nuestra es

De nuevo aquí nos tienes purísima doncella
más que la luna bella postrados a tus pies.

Oración para todos los días

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre mía.

Ofrecimiento

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro Oh Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.


Día 19



Pertinaz sequía del año 1,858

En el año de referencia, una pertinaz sequía desolaba los campos, de este risueño valle, a mediados de Otoño.
La segunda cosecha, que suele ser la que proporciona el pan del invierno a esta población agrícola, estaba en gran parte perdida, y lo que aún era peor, alejadas las esperanzas de la próxima sementera del año siguiente.


Celebrabas la fiesta a Nuestra Señora de las Angustias en el segundo domingo de Noviembre, solemnidad del Patrocinio. El templo rebosaba de fieles, que acudieron a impetrar la misericordia del Cielo por la intercesión de la Reina del mismo. Al comenzar la función, ni una nube empañaba el azul del firmamento, ni la más remota sospecha existía de que pudiera llover. Y la prueba más convincente de ello era, que a ninguno de los que asistían a los cultos se le había Ocurrido proveerse de paraguas. Y llegó la hora del sermón. Predicaba aquel día el presbítero don Ramón Espínola. Era este sacerdote un ardiente devoto de la Virgen de las Angustias, varón de gran fe y celo, y fervorosísimo en sus oraciones sagradas. Había disertado muy sólidamente acerca de la misericordia y poder que engendraron en el corazón de la Santísima Virgen, las Angustias del Calvario; y en el calor de la peroración, recogiendo las ansias y súplicas del auditorio, dirigióse a la Imagen de Nuestra Señora hablándole de esta suerte: «Pues que tu poder y tu misericordia son tan grandes, Madre de las Angustias, socorre a tu pueblo en esta necesidad: ¡Madre mía, que llueva!..»


Concluyóse el sermón, y media hora más tarde la Misa solemne, disponiéndose los fieles a retirarse del templo; pero cosa prodigiosa, una lluvia abundante, torrencial, les impidió salir a la calle por largo espacio de tiempo; siendo aquella lluvia el principio de otras que se sucedieron. El hecho se aclamó por toda la Ciudad como verdaderamente milagroso y patente muestra del favor dispensado a Guadix por su bendita Madre de las Angustias.



Invocaciones (se dicen 3)

  • Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acordaos de mí, miserable pecador. Avemaría.
  • Acueducto de las divinas gracias, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados. Avemaría.
  • Reina de cielos y tierra, sed mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Avemaría.
  • Inmaculada hija de Joaquín y Ana, alcánzame de vuestro divino Hijo las gracias que necesito para mi salvación. Avemaría.
  • Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en el trance de mi muerte y abridme las puertas del cielo. Avemaría.
  • Que tu Madre, refugio de pecadores, interceda por nosotros, para que obtengamos el perdón de nuestros pecados. Ave María.
  •  Tú, que hiciste a tu Madre llena de gracia, concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres. Ave María.
  •  Tú, que quisiste nacer de María Virgen para ser hermano nuestro, haz que todos los hombres nos amemos fraternalmente. Ave María

Oración

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia soberana. No desechéis mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Sagrado corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Salve Regina.



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