Flores

sábado, 2 de mayo de 2020

Flores en honor de la Virgen de las Angustias- Dia 2

MES DE MARIA

Canto
Venid y vamos todos con flores a porfía
Con flores a María, que Madre nuestra es

De nuevo aquí nos tienes purísima doncella
más que la luna bella postrados a tus pies.

Oración para todos los días

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre mía.

Ofrecimiento


¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro Oh Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.

Día 2

PRIMERA PARTE
Historia de la devoción de Guadix a Nuestra Señora de las Angustias.


CAPÍTULO I

Abolengo de la devoción y amor de Guadix a la Santísima Virgen María.

Timbre de gloria y honor incomparable es para Guadix, la antigua colonia Acci de los romanos, haber sido uno de los primeros pueblos cristianos que tuvieron noticia de la Excelsa Madre del Redentor, María Santísima; y será siempre legítimo orgullo de sus hijos, el haberse engendrado en sus pechos como en relicarios vivientes, las primicias del amor a la piadosísima Madre del género humano.
Cúpole a Guadix la esclarecida suerte de ser evangelizado por San Torcuato, jefe de los varones apostólicos, quienes más de una vez tuvieron la dicha de ver a la Virgen María y conversar con Ella viviendo aún en carne mortal, cuando acompañaron a Jerusalén a su Maestro Santiago. Hubieron de verla, sin duda, en su aparición sobre el Pilar de Zaragoza, y recibirían sus inefables consuelos y esfuerzo para su misión evangelizadora en la misma vecina Ilíberis, (hoy Granada) donde se dignara manifestarse a estos campeones de la buena nueva, según refiere la Venerable María Ágreda y la tradición española.

            ¿Qué de extraño tiene que las predicaciones de aquellos apostólicos estuvieran saturadas de ideas y de amores marianos?
La personalidad de María Santísima, su ministerio en el plan de la Redención, su excelencia y prerrogativas, son parte esencial e integrante de nuestra Religión, y no se puede predicar ni propagar el Cristianismo sin predicar y propagar la idea del amor a la Virgen.
Por otra parte, los inefables atractivos de aquel corazón virginal, y los encantos de su persona, no pudieron menos de inflamar en su amor los corazones de los que tuvieron la dicha de verla y oírla, y este fuego hubo de desahogarse, natural y lógicamente, hablando por todas partes de Ella a la, vez que del Hijo Divino, y predicando por doquiera sus hermosuras y sus gracias.
            Así, tengo por indudable, que aquella piadosa dama que por la predicación de San Torcuato «recibió la fe de Cristo Dios, y a su ejemplo gran parte de la ciudad accitana»[1], con Cristo comenzó a conocer, a amar y adorar a su Madre, y que en aquella capillita que fabricó Santa Luparia para ser bautizada[2], resonaron como en el templo levantado por Santiago a orillas del Ebro, los primeros cánticos y alabanzas tributados por el culto cristiano en honor de la Excelsa Madre de Jesús.

Fervorosos amantes de la Virgen María fueron también, sin duda, los cristianos de Acci de la época visigoda, en la que se conservó floreciente e ilustre la sucesión de sus obispos, hasta el siglo VIII en que esta hermosa tierra cayó en poder de los mahometanos; y aun bajo el ominoso yugo de estos nuevos conquistadores no dejó de florecer en Acci el rosal de los amores a la Virgen, que en el siglo IX embalsamaba con el perfume del martirio los alcázares mismos de la ciudad del Califato, en la persona del heroico monje accitano, San Fandila.
Los azares de las persecuciones, entre las que nació y vivió por varios siglos el cristianismo, y la dominación de los moros en España hasta el siglo XV, no permitieron la expansión natural de las creencias, ni el entusiasmo por la Virgen entre los cristianos de Acci; pero reintegrada su silla episcopal por los Reyes Católicos y recobrada: la plena libertad religiosa en aquellos siglos de oro de nuestra civilización española, brotaron aquí las hondas raíces de la devoción a la Virgen con una pujanza y una gallardía verdaderamente soberanas.

Invocaciones (se dicen 3)

  • Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acordaos de mí, miserable pecador. Avemaría.
  • Acueducto de las divinas gracias, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados. Avemaría.
  • Reina de cielos y tierra, sed mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Avemaría.
  • Inmaculada hija de Joaquín y Ana, alcánzame de vuestro divino Hijo las gracias que necesito para mi salvación. Avemaría.
  • Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en el trance de mi muerte y abridme las puertas del cielo. Avemaría.
  • Que tu Madre, refugio de pecadores, interceda por nosotros, para que obtengamos el perdón de nuestros pecados. Ave María.
  •  Tú, que hiciste a tu Madre llena de gracia, concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres. Ave María.
  •  Tú, que quisiste nacer de María Virgen para ser hermano nuestro, haz que todos los hombres nos amemos fraternalmente. Ave María

Oración

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia soberana. No desechéis mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Sagrado corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Salve Regina.







[1] Lecciones del Oficio litúrgico de San Torcuato.
[2] En el mismo documento

No hay comentarios:

Publicar un comentario