Flores

viernes, 22 de mayo de 2020

Flores en honor de la Virgen de las Angustias- Dia 22


MES DE MARIA

Canto
Venid y vamos todos con flores a porfía
Con flores a María, que Madre nuestra es

De nuevo aquí nos tienes purísima doncella
más que la luna bella postrados a tus pies.

Oración para todos los días

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A Ti, celestial princesa, Virgen Sagrada María yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes Madre mía.

Ofrecimiento

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro Oh Madre de bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.

 Día 22



CAPITULO IX
La reliquia milagrosa

Una de las alhajas más preciadas que posee la Iglesia de San Diego es un modesto relicario de plata, en el que se conserva una partícula de los vestidos de Nuestra Señora. De muy antiguo esta reliquia se ofrece a la veneración de los fíeles, y se da a besar después de las funciones religiosas en honor de Nuestra Señora de las Angustias. Tiene esta reliquia una historia muy interesante que ha conservado la tradición.

Eran los primeros años de la fundación de la Tercera Orden de Servitas, y por lo tanto época de fervoroso culto a la Virgen de las Angustias. El Padre José Espinar, Religioso Alcantarino, fundador de expresada Tercera Orden, y restaurador del culto y devoción a la Virgen, en su anhelo de fomentar más entre los accitanos la fe y veneración a tan dolorida Madre, tuvo la inspiración de adquirir una reliquia de tan divina Señora, y como lo concibió así lo puso por obra con toda diligencia.

Tuvieron feliz éxito las gestiones del fervoroso franciscano; y en posesión de tan inestimable tesoro, dirigíase un día camino de Guadix, hacía su querido convento. Hizo su entrada en la población en las primeras horas de la noche; y cuando después de cruzar la calle de la Gloria penetró en el compás de la Iglesia de San Diego, súbitamente, Iglesia y convento se vieron iluminados con tan viva y extraña luz, cual si fuera pleno día. También se dice que la campana de la Iglesia, repicó sola. Poseídos de admiración los Religiosos de la Comunidad, se asomaron a las ventanas del Convento para averiguar la causa de tan inusitado prodigio, apareciendo a los ojos de todos el Padre Espinar, que envuelto en nube luminosa mostraba como un estático en sus manos la veneranda reliquia de la Santísima Virgen, foco de donde irradiaba la luz milagrosa, símbolo de las gracias que mediante ella había de dispensar la Virgen a los de-votos de sus Angustias.

Desde aquel día besan los fieles con singular piedad y fervor la Santa Reliquia al pie del altar de las Angustias, recibiendo consuelos y gracias de todo género, los cuales si hubieran de escribirse, (séanos permitido decir imitando la frase de S. Juan) podrían llenarse con su relación muchos libros.


Invocaciones (se dicen 3)

  • Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida, acordaos de mí, miserable pecador. Avemaría.
  • Acueducto de las divinas gracias, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados. Avemaría.
  • Reina de cielos y tierra, sed mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Avemaría.
  • Inmaculada hija de Joaquín y Ana, alcánzame de vuestro divino Hijo las gracias que necesito para mi salvación. Avemaría.
  • Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en el trance de mi muerte y abridme las puertas del cielo. Avemaría.
  • Que tu Madre, refugio de pecadores, interceda por nosotros, para que obtengamos el perdón de nuestros pecados. Ave María.
  •  Tú, que hiciste a tu Madre llena de gracia, concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres. Ave María.
  •  Tú, que quisiste nacer de María Virgen para ser hermano nuestro, haz que todos los hombres nos amemos fraternalmente. Ave María

Oración

Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vuestra presencia soberana. No desechéis mis humildes súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.

Sagrado corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado corazón de María, sed la salvación mía.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

Salve Regina.



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